Recorro un largo camino, con piernas flageladas por el cansancio, sin embargo, me delimito a la vereda.
Ni muy valiente, ni muy idiota. La calle es para los autos, y suicidas. Mentira- la calle es sólo pavimento, y un puente para llegar al otro lado.
Ocasionalmente miro hacia el frente, símil- mi derecha, por la gran avenida. Tiendas sin importancia, más árboles, más autos detenidos, más pavimento, más de lo mismo, pero del lado contrario.
No mucho importa, es el mismo camino, día por medio.
Son CASI los mismos pensamientos, de días por la mañana. Frío o calor- no afecta la nostalgia del caminar, sólo el entorno y la mirada del paisaje. Árboles y cielo, o naranjos, o en sepia-
Pero hoy, he cambiado mi vida. No- nunca es tan así, pero me gusta así sentirlo.
Hoy crucé, y ví nuevos carteles, letreros que jamás imaginé que existían.
Quizá suene absurdo, pero hasta sentí alegría, por esta nueva experiencia.
Comprendí que, a pesar de arrollar las calles con mi presencia e indiferencia, aquellas que me observan, día por medio pensar en cosas- siempre tienen una nueva perspectiva.
Y así es la vida.
Cuando la monotonía nos aborda, el sopor nos abruma, e ingenuamente pensamos que no existe cosa que nos asombre- simplemente. . . crucemos la vereda.

0 comentarios:
Publicar un comentario